Volvíamos de clases y hablábamos mientras ella cocinaba. Seguíamos una de las diez conversaciones simultáneas que acostumbramos a llevar por entonces (sí, estábamos un poquito locos) cuando le pregunté qué era lo que freía en la sartén… “Ahora lo verás”, dijo con aire de misterio.
Cuando probé aquella guarnición y noté el sabor de la manzana fue como sentir unos fuegos artificiales en los sentidos. No recuerdo el resto de la comida (mi memoria tiene esas cosas, no lo puedo evitar)… quizás carne y patatas, no sé… Pero sí sé que aquello que en un principio yo nunca habría juntado en un plato, encajaba perfectamente, sin problemas, como si siempre hubiesen estado esperando que alguien los uniese.
Dulce y salado eran mejor aún juntos que separados…

Esa amiga es (y Será) una gran artista y ha seguido mezclando cosas, colores e ideas para crear arte en todo lo que toca. Me abrió entonces todo un horizonte nuevo de posibilidades gastronómicas.

La mezcla: eso es lo que enriquece la vida y la cultura desde siempre.
Nos lo decía Pedro Guerra en su Contamíname y tenemos un bello ejemplo con una artista como Concha Buika, a la que cuesta muchísimo etiquetar (menuda manía) pero por la red dicen de ella que nació en Mallorca, que su ancestros viven en Guinea Ecuatorial, que canta soul con quejio flamenco, que lo canta todo con el alma y que no se deja aprisionar en un estilo (soul, flamenco, hip hop, jazz, boleros o copla).

Vedla, oídla y dejad que su sonrisa y su interpretación os acaricie…
New afrospanish collective
Mi niña Lola

Este es el mundo que yo quiero, donde quepan todos:
el café solo, el cortado, el café con leche, el carajillo, el café americano, el cappuccino… (¿me dejo alguno?).
Y si no te gusta el café, pues pides otra cosa… jajajaa!!!!
Vive y deja vivir.


Quiero darle las gracias al autor de la fotografía (aunque no le haya pedido permiso) y que perdone mi atrevimiento al oscurecerla para que ganasen los tonos negros.